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Mi verano.


               Mi moto. Bueno, la de mi padre. Es turbo. La turbo mi abuelo, la turbo mi padre y ahora la tengo yo. Bromas aparte, esta imagen representa un verano. Un verano caluroso y lleno de emociones. Con las expectativas de que la facultad me estaba esperando al final del mismo y habiendo superado con buena nota la selectividad, como si de un videojuego de motor se tratara, desbloqueé el acceso a esta preciosa vespa clásica, de las que no quedan ya muchas.
               
                Representa un amor de verano, largas tardes en playas perdidas bien acompañado y locuras con amigos en un pueblo de turismo con mucha vida veraniega.

                   Dicen que todas las alegrías, al igual que las penas, vienen de golpe. No lo sé con seguridad, pero aquellos meses fui protagonista de una película de Roberto Benigni: La vida es bella. No se si se repetirá, pues en los últimos veranos he intentado imitarlo a base de vespa y playa, pero hay momentos, circunstancias, que nunca vuelven, y mejor asi. Es preferible tener buen recuerdo. Ese buen recuerdo parte de la base de que se trata de algo único, breve y caduco. De ser algo normal, perdería esa esencia que lo hace tan especial.


                                                                   Javier Yáñez Blasco


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Antes del vuelo.



Me fui de Francia el 14 de septiembre de 2012. Hizé esta foto antes de subir en el avión. En este momento estaba contenta, siempre me ha encantado viajar y me daba la impresión de irme de vacaciones... Pero cuando me di cuenta de la realidad bajando del avión, con mis primeros pasos en tierra andaluza, empecé a preguntarme muchas cosas.
Había dejado de lado la lengua durante dos años y no recordaba casi nada de español. (Cuando fui a hablar por primera vez con un español, mi primera impresión fue: "¡ayuda!". Un andaluz que suprimía el 50% de cada palabra, no me enteraba de nada.) Me estaba estresando por no poder encontrar piso, a gente, la universidad, no poder comprender, no poder hacer entenderme, no progresar... 
Me alegro recordarme de este momento porque al final, todo lo que pensaba ya no importa hoy. Un año en el extranjero es como un año entero en tu caparazón. Es como si subiendo en el avión, nacieras de nuevo, pierdes todas tus referencias cotidianas y llegando, tienes que crearte enteramente una nueva vida. Me encanta. Ser estudiante Erasmus es la suerte de descubrir un nuevo país, otra cultura, otra forma de vivir, otra manera de estudiar. Así puedes comparar con tu país, ver lo que realmente echas de menos y aquello que no. Cada día te acostumbra con lo que vives y cada día tienes más gana de quedarte. 
Si tenéis la ocasión de iros de Erasmus, un consejo: ¡¡¡hacedlo!!! Es una experiencia que sólo se vive una vez en la vida.

Maud Deschamps.

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Pie de foto



Aprovechando la oportunidad de tener que escribir 250 palabras para hacer un pie de foto, he decidido incluir una de un fotógrafo muy conocido pero que no hemos visto en la carrera. Pues bien, la foto se titula “Las meninas” (lo cual no tiene nada de extraordinario, puesto que la influencia de este cuadro de Velázquez salta a la vista), y el fotógrafo Joel-Peter Witkin. Sus fotos suelen andar entre el arte y la provocación, siendo esta una de sus obras más lights. Sólo tendréis que poner su nombre en Google imágenes para saber de qué estoy hablando: desnudos, cadáveres, sexo, transexuales, enanos, gente deforme…  En fin, será uno de estos tipos que le encuentran la belleza a las cosas más horrendas, algo parecido a lo que hacía Diane Arbus y a lo que habrán hecho ya muchos otros. Pero lo cierto es que sus obras resultan, al menos desde mi punto de vista, bastante más atractivas que las de Diane. Todo esto me trae recuerdos de las clases de Cultura Visual, esas en las que pasábamos las horas hablando sobre lo sublime y trabajando con el libro de Cynthia Freeland.

En fin, apenas conozco nada sobre este hombre. Alguna cosa he leído en la red: que sus padres se separaron por pertenecer a religiones distintas (la católica y la judía), que de pequeño contempló un accidente en el que una niña terminó decapitada… Pero estas cosas no cuentan, porque las he visto ahora. Aunque apenas me he informado, ya hace tiempo que me fijé en sus obras y me llamaron la atención. Lo conocí casualmente ayudando a una amiga de Historia del Arte a escoger, entre una selección de artistas, a un fotógrafo para un trabajo que tenía que hacer. Este me resultó uno de los más interesantes, junto a Nan Goldin y Keith Cottingham. A veces creo que el temario de Historia de la Imagen Fija se nos quedaba corto. 

Cristina Serrano Pedraza

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"Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro"


Ponerse a discutir sobre televisión a estas alturas, con tanta teoría que viene y va, que se repite, y se repite, y se repite… aburre. Lo cierto es que pocas oportunidades hemos tenido para hablar deliberadamente sobre ese aparato, así que intentaré aprovecharme de ello.
Enciendo la televisión, cambio de canal, cambio de canal, dejo el canal, mis pupilas se dilatan, mis pulsaciones aumentan, mi respiración se agita, mi sudoración incrementa, no puedo más… no concibo no lo que veo: ¡es un programa interesante! ¿Es la 2? ¿es un sueño?
 La variedad de contenidos existentes en televisión es bastante reducido, la innovación cada vez es más escasa y la gente cada vez se aburre más o, lo que es peor, se va adaptando y se inmersa en el conformismo. La amalgama de estos contenidos acaban fusionándose y creando unos nuevos, no se reinventan... se pisan y acaban perdiendo su calidad. Yo veo la televisión, poco, lo suficiente para construir mis fundamentos críticos estudiando esta carrera, porque no entiendo que estudies Comunicación Audiovisual y no estés al tanto de lo que los medios nos deparan.
¿Qué fue de aquella televisión española y su función pedagógica? Esas fantásticas series basadas en novelas españolas, esos concursos en los que tanto se aprendía…
Cada vez es más complicado mantener estos dos canales  bajo la calidad y esta premisa con la que nació, televisión del Estado y financiada por él, que con esta crisis ya mismo no habrá ni para contratar a otro cámara para un contraplano. Los contenidos más atractivos (y con menos share),y otros como los documentales, son los que más están sufriendo. La ficción también se ha visto afectada, con la paralización de series tan emblemáticas como Cuéntame cómo pasó u otras como Águila roja, va a tener efectos graves ya que constituye uno de los contenidos esenciales de la industria.
Es obvio que la televisión constituye uno de los elementos centrales de la sociedad, y además llega a un gran número de masa con mensajes lo más homogeneizados posibles (y así es como una abuelita-tatarabuela que aún conserva su cartilla de racionamiento de la Guerra Civil y un caballero que nos imparte clases, pueden disfrutar juntos, simultáneamente).
Seamos sinceros, seguramente todos no podamos participar del maravilloso mundo cinematográfico… por lo tanto, deberíamos (y me incluyo a mi) prestar más atención a este medio, porque quizás muchos de nosotros acabemos metidos en este lío, y quizás más de uno llegue a cogerle hasta gustillo o no tenga más remedio que hacer el amago.

PD: El título proviene de una frase de Groucho Marx

Lorena Triviño De Matteis

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Mi princesa de los cabellos dorados


Os presento a Claudia, mi sobrina. ¿Por qué su foto y no otra? Básicamente porque quería reflejar algo muy mio y que mejor forma que hablar de aquella que me da la vida y me saca una sonrisa en esos momentos en los que piensas mejor no haberte levantado...
Ella es mi alegría. Su inocencia hace recordar mi niñez y en su mirada se refleja una etapa que hace mucho pasé y que a veces se echa de menos. Adoro estar con ella, reírme con sus preguntas y respuestas, verla corretear por toda la casa con algo en la mano que acaba de quitarme...con la intención de ser perseguida con un "¡¡Ay que te pillo!!" que salga de mis palabras. Escuchar su risa y ver como se dirige hacia mí con el propósito de darme un abrazo. También, como no,  sabe enfadarme cuando por ejemplo en mi habitación por sorpresa me desaparecen cosas que casualmente ella estuvo trasteando el día anterior...pero sabe que con una llamada telefónica lo soluciona todo, si señor, con 5 años ya sabe utilizar el teléfono y me llama cada vez que a ella le da la gana, pero yo con solo escuchar una risa al otro lado de la línea soy feliz.
Yo creo que sobran las palabras o quizás es algo que no se puede explicar...es algo que se necesita sentir, cuando con un beso ella te dice: "Te quiero tita Cintia".

Cintia Romero Cabello

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Violent pornography


Si os digo la verdad veo bastante poco la televisión. Y digo “ver”, que no “encender”, porque eso sí lo hago algunas veces a la hora del almuerzo o de la cena… para ponerme a hacer zapping sin parar, yendo de un canal a otro, o simplemente para tener un ruidillo de fondo con el que acompañar la comida. Pero sobre todo, lo que de verdad me gusta es hacer zapping. No mirar la programación, no, eso es aburrido. Como ya dije antes, prefiero pasar de canal en canal, hasta acabar con todos, para al terminar ver que NUNCA hay nada interesante. Quizá en alguna excepción, una especie de milagro o algún fallo de la programación, esas veces en las que se cuela una cosa buena donde no debiera. Ya sabemos que la mayoría de programas emitidos son telebasura, y no voy a ahondar más en un tema tan trillado.



Siguiendo con lo del zapping, podría ponerme a hacer otra cosa, algo que fuera útil, pero mientras comes ¿qué cosa útil vas a hacer que apenas te quite tiempo? A mí no me gusta estar comiendo durante una hora, y ya que he pillado esa manía… No me lleva más de cinco o diez minutos, y al menos calmo mis impulsos. Así que eso es lo que duro viendo la televisión: lo que dura un zapping. Pero lo cierto es que cada vez lo hago menos, estoy empezando a sustituir la tele por el ordenador. En ese caso sí que me da igual alargar la comida: siempre puedo ver alguna película interesante, y no esos bodrios de serie B que ponen después de comer que, desgraciadamente, cuando voy a Antequera siempre pone mi madre, lo que hace que estar en el salón se convierta en un suplicio. Con el televisor que tenemos y no hay manera de conectarlo al ordenador y poner una peli buena tras la comida… Ella se duerme con las malas, y ¡ay si se la quitas! ¡Que se despierta! ¡Y con qué genio! Para eso, sinceramente, prefiero la película de serie B. Total, siempre cabe la posibilidad de dejar eso puesto de fondo y, con el ordenador y unos buenos cascos, disfrutar del sofá de la casa sin tener que escuchar esos diálogos mal doblados ni esas historias tan trilladas de violaciones, secuestros o asesinatos. Y así es como el salón de mi casa se convierte en una reunión de portátiles, cables y cascos, donde todos los miembros de mi familia excepto mi madre, se aíslan de la realidad del salón, ajenos de ese modo a la película de serie B.

En fin, tantas palabras sobre la televisión y aún ninguna opinión. A este respecto me gusta mucho una frase de una canción de Xhelazz. Dice así: “la tele me ha culturizado, porque cada vez que la encienden en casa me voy a leer a mi cuarto”. Sólo digo que me gustaría algún día poder decirla yo. Únicamente necesito retomar el hábito de la lectura.


Y de regalo una canción de SOAD que viene al tema. Au revoir!

Cristina Serrano Pedraza

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Esta es mi foto y esto me representa.


Esta  es la foto que yo he elegido. Normalita, de las que parece que no tienen nada de especial. Pues lo es señores, y mucho. Esta fue mi primera fotografía en manual con mi primera cámara réflex, una Canon 400D. La saqué el 9 de marzo del 2010, hace tan sólo tres añitos. Recuerdo que ese día llovía, que mi madre tuvo que tender en nuestra terraza en vez de en la azotea del edificio y que también me dediqué a hacerle fotos a las gotitas que se quedaban en la barandilla del balcón. Pero esta foto es a la que más cariño le tengo. No le veo nada del otro mundo y, a la misma vez, se lo veo todo. Las pinzas de colores, en el centro y enfocadas (a tomar por culo la regla de los tres tercios; total, todavía no sabía ni lo que era) y lo demás ligeramente desenfocado… ¡No sabéis la ilusión que me hizo ver que me quedó así!

Esta foto para mí fue el principio de lo que ahora considero que es una de las cosas que rige mi vida: la fotografía. Este fue el comienzo, y espero que quede todavía mucho para llegar a un final.

Anaís Sánchez


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A mí no me gusta la televisión. A mi me gustan las series.


Allá voy. A hablar sobre la televisión. ¿Yo? ¿Y qué tengo que decir sobre esta? La verdad: Nunca me ha gustado. En serio. Me metí en esta carrera odiando la televisión con todas mis ganas; no la soportaba. El estar en mi casa, aun estando sola, era sinónimo de no encender la televisión ni para ver los adorados Simpsons (aunque claro que los he visto varias veces hijos míos, ¡no llego a ser tan rara!). Ningún canal me satisfacía y los programas me resultaban aburridos. El tener que ajustarme a un horario específico para ver una serie que me llamase la atención me parecía algo tedioso y siempre me quitaba las ganas de hacerlo pues, como a muchos, las horas siempre se me pasaban volando y la mayoría de las veces no recordaba ni qué día echaban qué serie ni a qué hora ni nada de nada.

El que no me guste la televisión en sí, no implica actualmente que no “la vea”. Lo pongo entre comillas porque no es exactamente lo que hago. Veo series, sí y muchas. Pero por internet. Aunque técnicamente… Es hablar de televisión, ¿no? Pues eso.

Veo veinte millones de series. Me engancho, me desengancho, sumo una y resto otra. Me veo el primer capítulo de alguna, no me gusta, se me olvida y vuelta a empezar. Y eso con muchas. El tiempo que paso haciendo esto, podría invertirlo en ver películas que me hicieran algo más “culta” (para que nos entendamos: bien podría invertir mi tiempo en ver películas de las que habla el de Historia de los medios o alguna de las que dimos el año pasado en Historia del Cine) pero no. Yo a lo mío, que son las series.
Podría hablaros de mil series que he visto. Sueltas y completas. De principio a fin o en algún día cualquiera. A las tres de la tarde o a las cuatro de la madrugada. Series que me engancharon desde el primer día o incluso series que las vi una vez y jamás volví a saber de ellas (en serio, eso me pasó una vez a las cuatro de la mañana con “Dollhouse”. Vi tres capítulos en la FOX y ya no he vuelto a saber de ella jamás).

Podría comentaros también cuales son mis favoritas. Como buena tía que soy (más o menos adicta a los “culebrones americanos”) estarían la ya acabada Gossip Girl o 90210 Beverly Hills. También me gusta reírme y echar un buen rato con Modern Family, New Girl o The Big Bang Theory (lo siento, pero Como conocí a vuestra madre no la soporto). Ahora me tiene muy enganchada Juego de Tronos, aunque supongo que igual que a la mayoría que sigue esta serie. Misfits, Skins, Glee, Bones, Pretty Little Liars, Grey’s anatomy, Castle, Californication… Son solo unos pocos ejemplos de todo lo que veo.

Y sí, os pongo los títulos en inglés porque a mí me va el postureo de vérmelas en VOS.

Así, sin más: Anaís Sánchez


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La tele de mi casa es particular.

                      Pues no es mala idea eso de la televisión. Sobre todo en tiempos de crisis. Si no puedes salir siempre ponen algo, que por muy tostón que sea, nos lo tragamos igual. Así que dejemos de vacilar entre si gusta o no gusta la caja tonta porque todos sabemos la respuesta.
           La tele da calor en invierno y fresco en verano, con esa programación que los realizadores tan apropiadamente escogen para cada fecha. Mensajes como “date un chapuzón en este espacio de ocio” –mientras anuncian un programa de salsa rosa que se retransmite a las cuatro de la tarde- son los que nos impulsan y condicionan, a algunos mas que otros, a tragarnos ese “refrescante” programa mientras sudamos la gota gorda.
                    La caja amada, que ve todas conversaciones del salón mientras permanece estática, impasible, como si con ella no fuera la cosa. Está en las buenas y en las malas. Nos aburrimos, allí está ella. Nos gusta congregarnos con todos los miembros de la familia frente a ella en las ocasiones especiales, reírnos juntos, llorar juntos, vivir el año a su lado…
                
                 Vayamos a la programación. Últimamente, por mi ámbito de colegas audiovisuales, se comenta que la televisión está pasando a un segundo plano como fue concebida. En la actualidad se usa más de mera pantalla para reproducir películas de un DVD, USB o conectado al ordenador. En los tiempos en los que estamos, tienes que tener mucho tiempo libre o gustarte mucho una serie (como es mi caso) para que te enganches a su régimen de programación.      Sólo las mejores pasan a convertirse en citas ineludibles para su audiencia, que ya tenga que levantarse para poner las calles o descansar con una siesta reponedora, verá igual su serie favorita como si un sucedáneo de café se tratara. “¿Qué la serie acaba a las 1? No importa, tengo que ver que saber si desvelan que Antonio es el padre biológico de Ana Julia”.
                
                 Dicho esto, nos dejamos el ritual posterior en el tintero. Esa satisfacción de llegar a tu oficina o facultad, sabiendo lo que ocurrió anoche mientras  que tu compañero, el de los padres que lo mandan a dormir a su hora, se muere de ganas por escuchártelo contar. Tú, con unas ojeras importantes y haciéndote de rogar, relatas de forma lenta y pausada que no, que al final no pasó nada y sólo dieron un adelanto tras 15 minutos de anuncios.
                Y ahora aguanta el día. Con Morfeo dando la tabarra toda la mañana y tu muriendo por dormir en sus brazos.
                Pues si damas y caballeros. Así es la televisión. Generadora de sueños y destructora de ilusiones. Pero por lo menos, echamos el rato. I love TV.

                                                                                Javier Yáñez Blasco

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TeleVisión



Yo sí veo la televisión y sí me gusta verla de vez en cuando. No soy una friki y no estoy obsesionada con ella, pero me gusta. Mucha gente dice “yo no veo la televisión” pero creo que no hay de que avergonzarse. Todos vemos la televisión, algunos más y otros menos, dependiendo del tiempo que tengamos o del grado que nos guste. 

Cierto es que en la televisión, con el paso del tiempo, la programación ha ido decayendo cada vez más pero, ¿qué esperamos? Lo primordial que se busca es entretener a los telespectadores y, ¿cómo se hace eso? Emitiendo programación donde lo principal sea la problemática del ser humano. A las personas nos encanta y nos entretiene ver la decadencia de nuestra propia especie, ver cómo una persona puede caer a lo más bajo y encima haciéndolo público (para mí un ejemplo de esto son los programas como Gandía Shore). En realidad, a mí no me gustan estos programas, no me gustaría estar en la situación de esos personajes, pero me entretiene y pienso ¿cómo es posible? Otras personas pensarán “que suerte tienen pueden estar ahí”, y yo pienso que suerte tengo de NO estar ahí. Pero para gustos colores. 

La televisión también no puede aportar, aparte de entretenimiento, compañía cuando nos sentimos o estamos solos y aprendizaje, aunque esto cada vez se da menos.
Por mi parte sí que aprendo algo cuando veo la televisión. Desde que entre en la carrera cuando veo la televisión, alguna película, fotografía, etc., me planteo cómo se ha hecho, que han tenido que llevar a cabo, lo que les habrá costado conseguirlo. Me ayuda a darme cuenta de que detrás de cada programa hay una serie de cosas que no son fáciles y que muchas personas no ven o no se dan cuenta de que existen.
La televisión aunque a muchas personas les parezca una chorrada tiene una gran labor. En este momento está muy desvalorizada pero ya me gustaría estar en el momento en que salió por primera vez esta gran revolución, ver por primera vez un programa en esta caja cuadrada en blanco y negro. Ese instante tuvo que ser un gran momento, donde la gente empezó a conocer algo que terminaría siendo el centro de nuestras vidas. 

Julieta Varone Cabestrero

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